Cuento La Rueda

Quiero, con este cuento, haceros reflexionar sobre los diferentes roles que tenemos que adoptar a lo largo de la vida.

Quiero, con este cuento, haceros reflexionar sobre los diferentes roles que tenemos que adoptar a lo largo de la vida. La comenzamos siendo totalmente dependientes de nuestros padres, y pasados los años esta relación se invierte, dejándolos a ellos, algunas veces, a nuestra merced. Pido a quien lo lea que intente recordar todo lo que sus padres hicieron por él o ella, y se plantee si puede, en alguna medida, aprovechar la oportunidad de devolverles parte de ese amor, cariño y dedicación.

Una mañana de frío y sol, de esas que amo, estaba sentada en el autobús, y frente a mí se había sentado una anciana a quien acompañaba un hombre joven, presumí yo que era su hijo. La anciana llevaba un andador, pero aun así se aferraba con fuerza -la que podía- al brazo del hombre.

  No pude evitar mirarla y ver en ella una fragilidad que me conmovió. La anciana se aferraba con una mano a su bastón y con la otra a su hijo. Cierto es que el movimiento de un autobús no ofrece estabilidad, pero yo sentí que esa mujer se sentía insegura, frágil e inestable todo el día y todos los días. Me produjo una infinita piedad ver esa imagen, ella tan frágil, él tan seguro, ella mucho mayor que él y pareciendo tanto más pequeña. De pronto la anciana habló y con voz temblorosa y una mirada muy dulce le dijo a su hijo: “Es que yo contigo me siento más segura, ¿sabes?” casi como justificando que su mano no le soltara el brazo. Pareció una disculpa más que un comentario. Él asintió con la cabeza y yo comencé a pensar en cómo la vida se parece a una rueda.

  Esa mujer, hoy anciana, insegura aún sentada y con un bastón, fue por mucho tiempo el sostén de ese hombre. Ese hombre hoy adulto fue, en algún momento, un bebé indefenso y frágil. Ella cuidó de él y ahora él cuida de ella. Imaginé cómo podría haber  sido la vida de esa mujer. Trajo a su niño al mundo, lo cuidó, lo amó, no durmió por él, le enseñó a caminar, las primeras letras, lo ayudó a aprender a montar en bicicleta. Luego compartió sus estudios, celebró sus éxitos y se entristeció con sus derrotas. Contuvo sus lágrimas, escuchó su llanto, consoló su corazón. Lo albergó y también lo dejó libre. Le dio las herramientas para que ese pequeño fuese el hombre que hoy estaba de pie junto a ella, cuidando su fragilidad.

  Es conmovedor ver cómo a medida que pasa el tiempo todo se va transformando hasta llegar un momento en el que parece que todo es similar al principio. El comienzo de una vida, por paradójico que parezca, tiene algo de parecido al final. Tanto en una etapa, como en la otra, dependemos de aquellos que nos aman y no sólo de sus cuidados, sino del amor que nos prodigan. Cuando somos pequeños nuestros padres nos toman de la mano y así, tanto literalmente como metafóricamente, nos enseñan a caminar por la vida. Ya de ancianos también nos toman de la mano, esta vez para ayudarnos y también para guiarnos.

  Cuando somos pequeños nuestros padres se parecen a héroes que todo lo pueden y los observamos con amor y con admiración sabiendo que nos cuidan y nos defienden. Al pasar los años, esos héroes van envejeciendo y necesitan ser cuidados y defendidos por aquellos a quienes ellos formaron y protegieron. El paso poco firme, el temor, el no poder valerse por uno mismo, son puntos en común entre la niñez y la vejez. En el principio de nuestras vidas, como al final del camino necesitamos imperiosamente de quienes están a nuestro lado.

  Mis ojos no pudieron dejar de mirar a la anciana hasta que, con mucha dificultad, bajó del autobús. La perdí de vista, pero en mis pensamientos quedaron ella, su hijo, su bastón, la vejez, la juventud, el temblor y la seguridad también.

Sin duda la vida se parece mucho a una rueda, y en cada tramo de su recorrido, estoy segura, no hay otro impulso para hacerla rodar que el amor.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

RESIDENCIA REAL DE SESEÑA

Aranjuez, 19 , 45224 , seseña NUEVO (TOLEDO) +91 894 83 00 info@realdesesena.com

Contacte con nosotros


Acepto la Política de Privacidad de Real de Seseña